AGUA

Capilaridad: uso inteligente del agua de riego

La capilaridad es una propiedad física del agua por la que ella puede avanzar a través de un canal minúsculo (desde unos milímetros hasta micras de tamaño) siempre y cuando el agua se encuentre en contacto con ambas paredes de este canal y estas paredes se encuentren suficientemente juntas.

Esta propiedad la conocemos todos pues es perfectamente visible cuando ponemos en contacto un terrón de azúcar con el café. El agua del café «invade» en pocos segundos los pequeños espacios de aire que quedan entre los minúsculos cristales de sacarosa del azucarillo. Pues bien, esta misma propiedad es la que distribuye el agua por los micro-espacios de aire que quedan entre las partículas del suelo o sustrato. Allí queda el agua retenida hasta que finalmente es encontrada por las raíces de las plantas siendo absorbida por unos pelillos que tienen las mismas, que son los encargados de cumplir con esta misión de absorción.

La capilaridad, es pues, el principio natural por el que el agua circula a través el suelo de nuestros campos y bosques y nutre a todas las plantas de la tierra.

El fenómeno de la capilaridad

La capilaridad es una propiedad física que permite el ascenso de líquidos en canales o tubos muy delgados. Las fuerzas adhesivas entre el líquido y las paredes del tubo tienden a aumentar el área superficial del líquido. La tensión superficial del líquido tiende a reducir el área y por consiguiente impulsa el ascenso del líquido.

Para poder observar este fenómeno se puede hacer un pequeño experimento en el cual se necesitan 3 tubos con diferentes diámetros y un envase lleno de agua. Cuando se sumergen parcialmente los tres tubos, se observa que el tubo con menor diámetro obtuvo un mayor ascenso de líquido, mientras que en los tubos con mayor diámetro el líquido no obtuvo un gran desplazamiento. La altura a la que llega el líquido, dependerá de la energía superficial del sólido y la tensión superficial del liquido que se está utilizando. La capilaridad se define en función de la altura a la que es capaz de llegar ese líquido.

En fin podemos concluir que a menor diámetro, mayor altura alcanza el líquido. Esto es, el diámetro está en proporción inversa a la ascensión capilar del líquido

Esta propiedad física es de suma importancia para mantener la vida en la tierra. La capilaridad es una propiedad física que posee el agua la cual regula parcialmente su ascenso dentro de las plantas sin gastar energía para vencer la gravedad. Por lo tanto esta sustancia puede desplazarse por las micro-fibras o pequeños canales para que el agua pueda llegar hasta la copa de los árboles y así distribuirse por todas partes para mantener el árbol o planta con vida.

Este fenómeno es responsable, además de la propensión que tienen algunos materiales porosos como esponjas, suelos y telas para absorber agua. Siempre y cuando los poros deben estén conectados para que el líquido pueda fluir a través del medio. También juega un papel importante en riego, especialmente en sistemas de riego que hacen uso de esta propiedad para distribuir el agua dentro de una zona de cultivo.

Cómo regar por capilaridad

Una de las fórmulas indicadas para que a las plantas no les falte agua en ningún momento es el riego por vía capilar. En este caso, hay varios sistemas que permiten que la tierra permanezca húmeda durante un largo periodo de tiempo.

Una de estas técnicas consiste en colocar un gran paño de fieltro junto al fregadero de la cocina. Este debe estar lleno de agua, de modo que se pueda sumergir un extremo del fieltro. Sobre la tela que queda en la encimera se colocan las macetas y el agua subirá hasta el sustrato por capilaridad.

Otra opción es poner los tiestos en la bañera. Para ello, hay que tapar el desagüe y proteger el fondo con un plástico. A continuación, se colocan sobre este unos ladrillos o cualquier otro objeto que sirva de soporte a las plantas. Se llena la bañera de agua hasta cubrir unos cinco centímetros de altura y se ubican las macetas sobre los ladrillos. La capilaridad hará el resto.

Una tercera solución pasa por colocar los tiestos alrededor de un cubo lleno de agua y conectar ambos recipientes con unas mechas de algodón o fieltro. El agua pasará por estas a la tierra.

Una alternativa más sofisticada de riego por capilaridad es el uso de hidrojardineras. Estos recipientes son una especie de maceteros con una rejilla separadora que forma el depósito del agua, unas mechas conductoras que se sumergen en este depósito, un tubo de llenado y otro con un respiradero en el que se indica el nivel del agua, que debe estar siempre en una posición intermedia, entre el mínimo y el máximo. Al igual que en los casos anteriores, el tejido se empapa y el agua sube al sustrato por capilaridad, lo que permite que las plantas tengan agua durante un mínimo de tres semanas.

Fuentes: https://ahorro-de-agua.jimdo.com/ http://www.consumer.es/

 

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